El cielo de este junio en Tucumán parece haber hecho un pacto con la incertidumbre. El aire, que a esta hora de la tarde ya anuncia lo que será el frío del invierno que se asoma en la provincia, se instala de a poquito, pero no impide que la ciudad se mueva con una cadencia distinta. En el centro, la marea de gente, esa que suele apurarse para volver a casa o terminar los trámites del día, parece, por un momento, haber olvidado el termómetro. Las vidrieras con ofertas hoy no distraen; el verdadero espectáculo ocurre en las esquinas, donde los desconocidos se reconocen por un gesto, por una camiseta asomando bajo la campera o por la mirada fija en el celular que marca el pulso de la previa del debut de la Selección en esta Copa del Mundo.

A pocas cuadras del caos comercial, la rutina se refugia en los locales de siempre. En algunas carnicerías de la ciudad hay hasta colas que salen a la vereda y el frío obliga a los clientes a enterrar las manos en los bolsillos. Está claro que hoy no es un martes cualquiera. El hincha busca el corte perfecto para el debut de la Scaloneta, y el presupuesto es el primer rival a vencer. Los precios, que en las pizarras varían según la zona y el corte, oscilan mayormente entre los $14.000 y $25.000 el kilo.

"Dame un poquito menos, pero que no falte el chorizo", se escucha decir a un joven mientras calcula lo que gastará. Se estima medio kilo de carne por persona para una juntada. Consultados por LA GACETA, los carniceros coinciden en que generalmente recomiendan piezas como el vacío, la tapa de asado (que rinde y reemplaza cortes más caros) o la costilla, mientras el costo del criollo o el parrillero ronda entre los $12.000 y $18.000 el kilo.

Por su parte, el cerdo también dice presente en la parrilla con pierna o paleta a $ 7.500 el kilo y costilla o costeleta a $ 10.000. Si a esto le sumamos una bolsa de carbón (entre $8.000 y $10.000) y los vegetales para una ensalada potente (unos $15.000 a $20.000), el ritual exige una inversión que se hace con esfuerzo, pero con convicción.

Más adelante, en diferentes almacenes o casas de comida, la logística es otra. Los grupos de amigos hacen cuentas y juntan para comparar precios y llenar la mesa; así, dividiendo gastos entre todos, consiguen combos de snacks (papas fritas, palitos de queso y palitos salados) que rondan los $23.300, hasta opciones más armadas como las picadas para compartir, que incluyen sánguches y bebidas por $25.000. 

Mientras analizan los precios, allí, en la espera, también se cruzan frases sueltas. "¿Cómo ves a Argentina para hoy?"; "ojalá se nos dé". Diálogos que en cualquier otro martes serían banales, pero que hoy funcionan como un mantra para espantar los nervios.

LA GACETA / OSVALDO RIPOLL

Cuenta regresiva

Quedan poquitas horas para el arranque ante Argelia. Y por un instante, la ciudad parece suspendida en una burbuja. Los problemas económicos, el valor del dólar y el estrés de las facturas que vencen a fin de mes son relegados a un segundo plano. Es que la previa del debut del conjunto de Lionel Scaloni logró lo que ninguna otra cosa puede; y es que el tucumano de a pie deje de mirar el reloj del día a día y empiece a contar los minutos hasta el inicio del encuentro.

De a poco la ciudad empieza a vaciarse del bullicio cotidiano mientras las paradas de colectivo se transforman. Ya no se ve el ritmo habitual de siempre, sino a grupos que, sin conocerse, comparten la misma impaciencia. Tucumán, el centro, las calles, todo se convierte en un solo lugar de espera.

Al caer la noche, el cielo y el frío amenazan con descargar su peso invernal, pero hoy nadie mira hacia arriba; la mirada está puesta en el horizonte de este camino. A las 22 todo dejará de ser una espera para convertirse en el único presente que importa. Porque en Tucumán, el fútbol no se cuenta, se vive. Y eso nosotros lo sabemos muy bien.